domingo, 29 de marzo de 2009

hacer cuadernos arquitectónicamente, hasta agotarlos... entender todas sus partes, pero al mismo tiempo su ser como totalidad... ir contra su ser para entenderlo, ir contra sus partes para entenderlas... el día que podamos hacer un cuaderno que no sea un cuaderno, podremos entender qué es un cuaderno... si cézanne –como dijo deleuze- llegó, a lo sumo en su vida, a entender qué era una manzana, ya aspirar a entender algún día qué es un cuaderno, me parece una aspiración lo suficientemente lejana.
somos arquitectos. no somos morfólogos (ni estudiosos de la forma, ni productores de forma... a lo sumo, podríamos aceptar ser formalistas). lo que hacemos no es forma, es arquitectura; por eso, somos arquitectos. hacemos arquitectura porque somos arquitectos y somos arquitectos porque hacemos arquitectura, al mismo tiempo, en el mismo lugar, a la vez, todo junto y del mismo modo.
no sólo somos arquitectos, sino que queremos ser arquitectos. hacemos arquitectura y queremos hacer arquitectura. nos fascina la complejidad de la arquitectura. nos fascina su relación con el arte como manifestación personal y social, con la sociedad como producto de dinámicas sociales, con la industria como cliente, con la gravedad como n/a-migo. nos fascina porque se construye a partir de una mirada sobre el mundo pero sin dejar de construir esa mirada a cada pestañear. construye el mundo en el que se hace, del que se hace.
somos arquitectos porque queremos serlo y no podemos dejar de serlo. miramos arquitectónicamente, pensamos arquitectónicamente, construimos arquitectónicamente. escribimos arquitectónicamente. pero sobre todo, hacemos todo arquitectónicamente.